Buenos propósitos para el año nuevo enraizados en el Señor
Muchos de nosotros, estoy seguro, comenzamos el año nuevo con una lista de buenos propósitos. A menudo, son bien conocidos: hacer ejercicio con más frecuencia, perder peso, mantenerse en contacto con familiares y amigos y frenar un poco el ritmo de vida. Todas estas son buenas intenciones, sin embargo, en poco tiempo las dejamos atrás y volvemos a caer en nuestro antiguo ritmo de vida. ¿Por qué nos pasa esto?
A menudo, nos olvidamos de que cualquier cambio que hacemos en nuestra vida rutinaria requiere de una conversión diaria; para esto es esencial que examinemos todos los días nuestros avances y si nos damos cuenta que nos estamos alejando de nuestro propósito, entonces "enfoquémonos” y comencemos inmediatamente de nuevo. Así evitamos la frustración y la decepción que puede consumirnos fácilmente cuando enfocamos nuestros objetivos a largo plazo y no a corto plazo.
Sin embargo, una de las razones principales por la cual fallamos en mantener nuestros buenos propósitos es porque confiamos solamente en nuestras propias fuerzas, pero nos puede engañar el pensar que es suficiente confiar en “nuestra” propia determinación, voluntad y esfuerzos, lo cual nunca es el caso. Nosotros dependemos totalmente del Señor y de su ayuda divina. Así que, al comienzo y al final del día, debemos buscar la maravillosa gracia que el Señor nos ofrece en la oración: debemos encontrar nuestra fuerza en los Sacramentos, especialmente en la Sagrada Eucaristía, buscar la intercesión y la protección de la Santísima Virgen y si permanecemos fieles a estos propósitos, entonces todo es posible.
¡La Iglesia en los Estados Unidos está muy ocupada durante el mes de enero porque celebramos el Mes del Respeto a la Vida, la Semana de Migración, la Semana de Unidad Cristiana, la Semana Vocacional y la Semana de las Escuelas Católicas. También puede incluir estas celebraciones en su lista de buenos propósitos para el Año Nuevo.
Tal vez podamos renovar nuestras promesas para: 1. Vivir a diario con la convicción de que somos templos del Espíritu Santo y lo reflejamos en la manera en la cual respetamos y tratamos a nuestros propios cuerpos; 2. Rezar y trabajar sin descanso por los nonatos y por los más vulnerables entre nosotros buscando maneras en nuestras parroquias y en nuestra vida personal para protegerlos y defenderlos; 3. Respetando a todas las personas, especialmente aquellos que pueden sentirse marginados y solos. Participar en el proceso que incentive a nuestros legisladores a trabajar a favor de una reforma migratoria justa e integral; 4. Esforzarnos por vivir en unidad con todas las personas para que nosotros, al igual que Jesús oró, para que todos seamos uno solo. Buscar la forma de unir esfuerzos con nuestros hermanos y hermanas en Cristo para promover la paz y la justicia en nuestras comunidades; 5. Orar a diario y por nombre por nuestros seminaristas. Pedirle al Señor que envíe más sacerdotes a nuestra diócesis e incremente las vocaciones a la vida religiosa; 6. Buscar maneras para apoyar a nuestras escuelas católicas y a los programas de formación de fe y considerar ofrecer sus servicios para seguir transmitiendo la fe a nuestros jóvenes.
Todos estos objetivos son dignos de nuestra consideración para así ayudar a construir y fortalecer el cuerpo de Cristo. Sin embargo, todos nuestros objeticos podrían ser en vano a menos de que nuestros objetivos principales para el Año Nuevo sean el de orar con fervor y con dependencia total en el Señor, para encontrar nuestra fuerza en la Eucaristía, pedir por la intercesión y la protección de las Virgen María. ¡Sólo entonces podemos hacer todas las cosas posibles!
Es mi deseo y mi oración que nuestro Señor Jesús los bendiga a ustedes y a todos sus seres queridos para que sirvan con abundante paz y gozo durante este año nuevo y siempre.